LA REPRESENTACIÓN DE LAS MUJERES ARÁBIGO-MUSULMANAS. MUESTRAS DE RACISMO CULTURAL
Miguel Á. Sánchez Fuentes
El final de la
Guerra Fría supuso una necesidad de realineamientos mentales en los países
occidentales, de los que suele ser vanguardia Estados Unidos, que habían basado
su política exterior en función a la existencia del otro, el enemigo externo
comunista del cual nos tenemos que proteger. Los atentados del 11 de septiembre
sobre las Torres Gemelas perpetrados por el grupo terrorista Al Qaeda suponen
un ‘alivio’ teórico en ese aspecto, en un momento en el que era indefendible la
existencia del ‘ellos’ como potencial arma de destrucción, surge una excusa.
Las fronteras eran la barrera principal dentro de las prácticas geopolíticas,
sin enemigo se hacen innecesarias por lo que se produce una fijación mental de
fronteras entre nosotros, mundo occidental, y ellos, mundo oriental
principalmente árabe e islámico. Esta concepción maniquea de la política,
apoyada sobre la tesis del Choque de
Civilizaciones huntingtoniano sobre los conflictos culturales puso en
marcha toda una maquinaria con el
objetivo de enviar un mensaje claro, hay que luchar contra el enemigo, los
terroristas islámicos. El mercado, evidentemente, se une a esta carrera y la
creación de complejos militares-industriales y de medios de comunicación
resultará determinante para la conformación y asunción de roles culturales y
tópicos sociales alejados de una realidad mucho más compleja que la división en
clave dicotómica de ‘el bien y el mal’. En palabras de Joanne Sharp, “La
narración dominante en los Estados Unidos del territorio y de la identidad
emerge de la arena formal de la política […]. La reterritorialización de la
cultura política americana está siendo recreada a través de la sociedad”.
Pero, ¿qué hace de esta situación
especialmente relevante? El problema está dentro y el hogar ya no es seguro. La
seguridad es un elemento muy importante en la estrategia política pero también como
influencia en las relaciones de género. Ante esto, más allá de la respuesta
geopolítica territorial, encontramos implicaciones a nivel de derechos civiles
saliendo más perjudicados los que no son, o no parecen, norteamericanos. Es
decir, lo diferente y visualmente marcado, con aspecto de los de fuera. Pero
hay dos aspectos que son esenciales para la comprensión de la realidad social,
la corporeización y generización del
discurso que hace especialmente vulnerable a la mujer, que entendida como ‘sexo
débil necesitado de protección’, debe permanecer en su hogar, en la esfera
privada, siendo el hombre el que se enfrente a los asuntos públicos y los
peligros exteriores.
¿Pero son seguridad y hogar conceptos homologables en una realidad tan diversa?
El impacto real de dicho realineamiento intelectual geopolítico centrado en una
corporeización es enorme y ofrece otras posibilidades para en entendimiento de
geografías complejas.
La mujer-objeto del hombre con
apariencia de enemigo externo, es decir, la mujer musulmana ha visto
modificados sus hábitos de vida, su uso de la ciudad, han sido reconfiguradas
tanto en sociedades occidentalizadas como en sociedades de medio oriente. Y es
la guerra, una vez más, un potente reconfigurador mental y es en ellas cuando se
produce la creación de nuevas identidades estigmatizadoras a nivel social y en
particular de la cuestión de género. Pero se debe aclarar que, realmente, no es
un escenario caliente como el Medio Oriente el mejor para garantizar el
entendimiento del mundo islámico. Y el periodismo no ayuda a ello. Son
aclarativos los artículos escritos por Carmen Marina Vidal Valiña sobre la
retrasmisión de la guerra de Afganistán y la Guerra de Irak en los que se
señala que el hecho de que dicha retrasmisión sea realizada por mujeres no
altera considerablemente una interpretación de la realidad al margen de las
cuestiones de género, cayendo en un mismo error cuando se sobrerrepresentan las
fuentes occidentales y se menosprecia la importancia de fuentes locales afganas
e iraquíes. Esto provoca un condicionamiento muy negativo para el entendimiento
del mundo arabigoislámico, maximizando la concepción de ‘fuera de nuestro mundo’,
de nuestro hogar, fuera del nosotros. Y ensalzando la posición de occidente
como garante de la libertad de los pueblos oprimidos y, lo que es más
preocupante, de la libertad de las mujeres oprimidas del mundo arábigo e
islámico, a las que se les impone la utilización del burka, buque insignia de
la justificación mediática occidental de la ocupación de los territorios
islámicos. El tratamiento informativo occidental responde a una nueva forma de
racismo mucho más sutil, bajo el concepto de cultura en vez del de ‘raza’,
encubierto bajo la liberación de la mujer.
Pero nos debemos preguntar si todas
estas noticias tienen como centro la posición tomada por las mujeres, si las
mujeres son protagonistas de las noticias propias o puestas en posición de
expertas o especialistas.
Generalmente no, de hecho se tiende
a generar una vinculación entre personas inmigradas y conflictos en función de
su mayor o menor integración social. Cuando esto se produce en una sociedad que
se cree baluarte de los derechos de la mujer y hasta cree considerar que existe
igualdad de género, las mujeres árabes y musulmanas se convierten en objetos de
los medios de comunicación para la denuncia de sociedades que desconocen. Pero
no creo que se deba caer en el mismo juego de gran parte de la opinión pública
que generaliza elevándolas a dogmas de fe las construcciones de la identidad
social y de género que tienden a la homogeneización de la pluralidad sin pensar
en sus consecuencias y parece comenzarse a vislumbrar pequeña tendencia a
colocar con un papel central a activistas y expertas islámicas en la
comunicación política y social, no tanto a las clases más populares.
Es destacado el caso de Llucía
Oliva, periodista que retrasmitió para Televisión Española la invasión de
Afganistán previa a la guerra de Irak, ya que mostraba un papel destacado de la
mujer en sus piezas televisivas. Contribuyó a romper el cliché de mujer
musulmana sometida a su ‘protector’ dejando entrever una idea bastante repetida
entre intelectuales islámicas, que dicha concepción de sumisión deriva de una
lectura ultraconservadora del Corán,
no siendo inherente a las sociedades árabes y musulmanas el machismo y la
relación fuertemente patriarcal. Pero por desgracia no ha sido lo común ya que
se suele presentar a la mujer afgana, y salvando las distancias y por
extensión, a la mujer musulmana como victimas pasivas de los hombres. De esta
manera entra la cuestión de la mujer y el Islam en el discurso político
occidental justificando invasiones y guerras. Este argumentario no pretende
eludir el problema patriarcal tan grave que sufre el mundo árabe, que es
cuestión asumida, sino poner de manifiesto que los medios de comunicación no
hacen sino perpetuar el modelo ofreciendo una visión sesgada del contexto sin
tener en cuenta la opinión de la mujer, sin profundizar en la cuestión del género.
El tema más candente y más demagógico, el velo.
Muchos son los Gobiernos que se han
lanzado a prohibir el burka, el nicab o el hiyab o, cuanto menos, han planteado
propuestas sobre la mesa para generar un debate en torno a ese tema pero, ¿han
preguntado a las musulmanas? La capacidad que tienen las Instituciones públicas
y políticas para apropiarse de discursos es enorme y muy recurrente en casos de
proposiciones críticas, y esto conlleva un gran problema, que son manipulados. Los
signos de vestimenta distintivos islámicos son utilizados como arma para la
denuncia de la opresión de la mujer pero no todas las mujeres musulmanas opinan
eso. Es de celebrar que haya habido recientemente publicaciones en periódicos
de gran tirara nacional en España (El Mundo, El País y Público) que pongan de
manifiesto la visión del ‘problema’ de las mujeres afectadas.
Existe un grupo de activistas
feministas que reclama a sus gobiernos igualdad de oportunidades de acceso al
trabajo, legalización de asociaciones civiles o acabar con la tutela de los
hombres sobre sus compañeras. Aziza Yousef, conocida activista feminista
saudita, hace referencia a la necesidad de avanzar en un sistema que limita los
derechos y las libertades de las mujeres bajo las anquilosadas tradiciones del
reino wahabí. Pero esa falta de derechos no es debida a que les obliguen o no a
ponerse un burka, sino al sostenimiento social sobre principios patriarcales y
la fuerza del guardián masculino. Pero más importante que todo eso es, de cara
a criticar el tratamiento occidental de estas cuestiones, que se afirma no ser
el Islam el causante de todo esto, ya que “la mujer puede y debe valerse por sí
misma, tal y como recoge el verdadero Islam”. Pero de las declaraciones de esta
reconocida activista surgen otras afirmaciones. Considera que durante los años
60 y 70 la sociedad islámica no era así y que tanto fundamentalismo religioso
que afecta a las mujeres comenzó con la guerra de Afganistán, al dicotomizar de
manera muy acentuada la posición de buenos y malos, sin atender a la
diversidad. Una posible lectura de esto es que las mujeres musulmanas no
reconocen la superioridad moral y cultural de occidente, al que en cierto modo
se le puede culpar de acentuar su situación de inferioridad, lo que no las
inhabilita para la petición de más democracia en sus respectivos países. Nadia
Yassín, politóloga marroquí, respecto al velo y demás atributos islámicos, rechaza
que sean identificados como símbolos de opresión hacia la mujer. Es cierto y se
reconoce que el hiyab se impone pero no es el fin exclusivamente religioso ni
el más importante, ya que se ha convertido en un distintivo de moda, del que
incluso se ha creado un mercado bastante fuerte en algunos países musulmanes.
Nadia afirma que el Corán recoge la
utilización para hombres y para mujeres pero como en la mayoría de sociedades
patriarcales el honor se sitúa en la mujer por lo que lo hace una norma muy desigual
y mucho más fuerte para las mujeres. Las
islamistas sostienen que el uso de dichos elementos les proporciona una
posición de igualdad de cara al acceso de la mujer a los espacios públicos al
no representarse como individuo sexuado pensando así que reivindicar su
utilización es un símbolo profundamente feminista. Opiniones existen en contra
pero desde luego, aunque la opinión occidental fuese la correcta y fuese un
símbolo de explotación en aquellos países donde es obligatoria su utilización
no es menos explotación cuando en los países occidentales se les obliga a
quitárselo o se les multa y se prohíbe su utilización, no atendiendo a ese
grupo de mujeres musulmanas cuya utilización es por creencia, no por
imposición. Es curioso observar como estos mismos medios que han sido capaces
de poner en primera línea la opinión facultada de mujeres islámicas cuando
critican su sistema, no ofrece este mismo tratamiento si hablamos de
prohibiciones de uso por parte de administraciones nacionales. Como se ha indicado
antes y es una prueba más, racismo cultural a costa de la posición de la mujer.
Lo muestra magistralmente Edward Said cuando dice que son preferibles las
abstracciones occidentales sobre oriente al testimonio directo de las
realidades orientales modernas, siendo Oriente incapaz de definirse a sí mismo
y potencialmente temible.
Bibliografía:
- SHARP, J. 2005. Guerra contra el Terror y Geopolítica Feminista. Tabula Rasa, 29-46.
- VIDAL VALIÑA, C. M. 2012. Una mirada femenina a los conflictos en el mundo árabe: la invasión de Iraq de 2003 a través de la cobertura de las periodistas de TVE. El Futuro del Pasado, 209-221.
- VIDAL VALIÑA, C. M. 2013. La invasión estadounidense de Afganistán en la cobertura de las enviadas especiales de TVE: un enfoque de género. Historia Actual Online, 155-161.
- SACRISTÁN, J.M. 2014. “Las injusticias contra las mujeres en Arabia Saudí son culpa de la ignorancia en el Islam” publicado en elmundo.es.
- SACRISTÁN, J.M. 2014. “Mujeres saudíes exigen el fin de los ‘guardianes’ masculinos” publicado en elmundo.es
- DEIROS, T. 2008. “El velo islámico se pone de moda” publicado en publico.es
1 comentario:
Tremendo artículo. Genial como has expuesto un problema tan complejo en tan poco espacio y de manera tan clara.
En relación con este tema, me gustaría dejar el enlace de una película: "Persépolis" (http://www.filmaffinity.com/es/film144674.html)que tiene que ver bastante con este tema. Tras leer el artículo, podemos ver la película con otros ojos, más críticos.
Me gustaría destacar principalmente dos cosas, en mi opinión dos núcleos del artículo: la teoría del Choque de Civilizaciones y la estrategia de la imagen y los medios de control de masas. De la primera desconocía su existencia, aunque si su concepto, principalmente por Naomi Klein, que lo expone en varios de sus trabajos. La segunda, lamentablemente, es imposible ignorarla, porque se ve todos los días. Las relaciones lógicas entre ambos núcleos, de las cuales derivan una gran cantidad de problemas actuales, merecen ser analizadas y expuestas al público. Requieren de una reflexión colectiva (como la que has ofrecido en este blog) y de una reflexión también individual, que es tarea de cada uno. Por haber empezado la primera te felicito, porque realmente creo que has hecho un trabajo sublime.
A todos los demás, os sigo animando a que os registréis en el blog y dejéis vuestros comentarios. Una actitud pasiva nunca cambiará un ápice de la realidad.
Un saludo!
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