Disparando ideas

Disparando ideas

domingo, 2 de marzo de 2014


¿POR QUÉ NO SIRVE PARA NADA NUESTRO SENADO?



Miguel Á. Sánchez Fuentes


Seguro que, como todo el mundo, has escuchado decir que nuestro Senado no sirve para nada y posiblemente estés de acuerdo. Lo cierto es que no nos falta razón a todos los que lo pensamos. Existe un grave problema con nuestro bicameralismo y la supuesta “cámara de representación territorial”. En Senado tuvo sentido en el modelo de Estado compuesto, cuasifederal, que se diseñó en la Constitución de 1978 pero lo cierto es que ha dado lugar a una cámara escasamente funcional, definiéndose así como un sistema bicameral asimétrico e imperfecto. El Congreso tiene una destacadísima posición en los momentos de mayor relevancia política y constitucional como es en el voto de Investidura (cuando el Congreso acepta como presidente del Gobierno al candidato del partido ganador), la cuestión de Confianza o la moción de censura (como posibilidad de hacer caer al Gobierno durante la legislatura), en la posibilidad del ejercicio del control de la actuación del Gobierno, los debates sobre el estado de la Nación… Como vemos, el Senado ha adquirido una posición de cámara de segunda lectura y poco más y explicaré el por qué.

El Congreso es el que ostenta en mayor medida, o esa es la percepción que se tiene, la posición de Cámara de representación territorial. Se pretendió que el Senado fuese expresión de los territorios que componen el Estado, las nacionalidades integrantes del sistema, las Comunidades Autónomas, y en este sentido, existen senadores de origen autonómico designados por los propios parlamentos autonómicos, pero estos son un pequeño número (siendo variable el número de Senadores, actualmente los de designación autonómico suponen el 22%) pesando más los senadores provinciales y los que nombran directamente los partidos de ámbito nacional. El peso en el Senado de Comunidades Autónomas con similares habitantes y diferente tamaño del territorio, al establecer la circunscripción electoral la provincia, es muy poco proporcional si de lo que se trata es de representar al territorio y a la población. En realidad el que de verdad representa la territorialidad del estado es el Congreso de los Diputados. Esto se muestra en la fuerza en la investidura y formación de gobiernos así como en la capacidad de extracción de las minorías nacionalistas (como PNV y CiU) representadas en este. Son más capaces de representar a sus territorios estos partidos en el Congreso que en el Senado. Se han desarrollado a su vez relaciones de las Comunidades Autónomas con la organización central del Estado de forma bilateral, abriendo una vía de relaciones intergubernamentales que tratan singularmente los hechos diferenciales y robando de esta manera el protagonismo que debería tener el Senado.

La gran asimetría se muestra en la distribución de competencias entre cámaras siendo los procedimientos legislativos iniciados por el Congreso y teniendo él la última palabra sobre su desarrollo y aprobación, quedando inútil la capacidad de veto del Senado o la capacidad de presentación de enmiendas a los textos que sean remitidos por el Congreso de los Diputados. El Senado en España sería una cámara de representación territorial ser si se le adscriben competencias propias y funciones relevantes en el ámbito de la organización territorial del Estado y muy principalmente en el de las materias que afecten a las Comunidades Autónomas, algo que no ocurre. El Senado actualmente cuanta con poca o nula capacidad decisoria en materias de ámbito autonómico, en materias financieras y presupuestarias o relativas a armonización y coerción, así como tampoco cuenta con un papel relevante en el control y seguimiento de Fondos Europeos de financiación. No cuenta tampoco con iniciativa y relevancia en los Proyectos de Ley de reforma de los Estatutos de Autonomía, o en la elaboración de Leyes Orgánicas de Trasferencia o Delegación… En definitiva que tiene poca relevancia en el procedimiento legislativo en lo que afecta a Comunidades Autónomas ya que no tiene la iniciativa legislativa y la última palabra la tienen siempre el Congreso de los Diputados.

En resumen, el Senado puede proponer leyes, pero se inicia la tramitación siempre en el Congreso de los Diputados. Puede control al Gobierno, pero este no tiene la obligación de asistir a esos controles en el Senado. Como cámara de segunda lectura puede enmendar total o parcialmente las leyes pero el Congreso tiene la posibilidad de anular esa votación. En cuanto a la función de representación territorial, existen pocos senadores de designación autonómica además de estar agrupados en partidos y no por Comunidades Autónomas, por lo que poca representación de intereses autonómicos se les atribuye. Por último, el Tribunal constitucional le ha quitado al senado la posibilidad real de aprobar o rechazar leyes, es decir, no cuentan con la última palabra que está en manos del Congreso de los Diputados.


No hay comentarios: