Disparando ideas

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lunes, 2 de junio de 2014

EN ÉPOCAS DE CRISIS, ¿AUMENTAN LOS EXTREMOS?

I. Martín Torres.

Desde la reciente salida de los resultados electorales para las europeas de 2014 [1] se han escuchado muchos comentarios. Desde aquí no puedo sino expresar mi total alegría por lo que considero los mejores resultados electorales que he visto en mi país en el corto periodo de conciencia política que tengo. No solo se ha visto mermado el bipartidismo de la casta política dirigente (que baja casi a casi la mitad de diputados) sino que las formaciones de izquierda suben como la espuma y, además, se muestran colaboradoras para posibles alianzas.

Lamentablemente, estos resultados no pueden quedarse solo en el ámbito nacional. Es muy destacable el increíble aumento del número de diputados de Amanecer Dorado en Grecia, así como del Frente Nacional en Francia o el Partido Popular de Dinamarca. Es perfectamente visible el cambio en la situación de las fuerzas políticas internacionales, un cambio de paradigma evidentemente relacionado con la crisis económica y social capitalista que atraviesa a nuestros países. Un panorama no muy distinto al que se dio el siglo pasado antes de la Guerra Mundial. Se empieza a vislumbrar, de manera clara, una Europa del Norte y una Europa del Sur, y las relaciones de sumisión económica se agudizan con intensidad.

El posicionamiento ideológico es este nuevo cambio de paradigma es fundamental para todo aquel que no quiera verse perdido en el mar del cambio. Los medios de masas españoles, aferrados a sus viejas costumbres desinformativas, siguen con su tradicional política del simplismo, y distinguen una fracción europeísta (la de los buenos) y una fracción euroescéptica (la de los malos) donde se engloban los conservadores más ultras, los extremistas de derecha, los radicales de izquierda, los comunistas, los nacionalsocialistas…en fin, todos los grupos que son calificados como satánicos por nuestros condicionados cerebros. Está clasificación, pese a su validez, es más propia de niños de doce años que de individuos políticos y racionales. Parece ser que es así como se nos desea tratar, y como muchos desean ser tratados. El dualismo no es más que un método simplista de control de masas. ¿Lo bueno o lo malo? ¿PP o PSOE? ¿derecha o izquierda? ¿capitalismo o dictadura? ¿europeístas o euroescépticos? Parece más el argumento de una mala película de acción estadounidense. Pero es la realidad que vivimos cada día.

El juego retorcido va más allá cuando se aplica el platonismo más salvaje. El primer paso es transformar una realidad compleja en una realidad simple (simplificar) compuesta por dos extremos contrapuestos y tristemente definidos. Es evidente y lógico que ambos extremos no pueden estar aislados el uno del otro, puesto que ambos se engloban en un mismo paradigma. El segundo paso es, pues, unir ambos extremos por una línea recta, donde se alojarían todas las posiciones intermedias. Ojo, posiciones intermedias no son nuevas posiciones, sino gradaciones del dualismo más desquiciante. Capitalismo o dictadura son dos extremos, y entre ambos se crea una línea donde las diferentes gradaciones tienen un % más de capitalismo o un % más de dictadura. Y digo dictadura porque los medios de control de masas llaman así a todo lo que no sea capitalista hoy en día. ¿Un ejemplo de gradación entre ambos sistemas? El Estado del Bienestar. Más claro imposible. Aquí entra en juego el tercer paso: aplicar el platonismo europeo del justo medio: lo mejor siempre será lo intermedio. Hemos diferenciado dos extremos, los hemos unido y ahora dictaminamos que el punto medio en esa recta imaginaria es siempre lo mejor. Esta chorrada lógica es aplicada una y otra vez a cualquiera de las ramas de la realidad. Pero es un planteamiento que nace muerto, que se basa en la falacia ad conditionallis. Sus principal error es que no existe ningún centro real cuando los extremos son inventados. Si ahora mismo se decidiera que un extremo es la ultra-derecha, y el otro extremo es la derecha, ¿lo correcto sería una política intermedia entre ambas? Por supuesto que no. ¿Quién ha decidido los extremos? Simple: los que están a favor del medio. Si quieres vender un producto a 20€, pide 30€ por él, y si el oponente regatea llegaréis a tus 20€ iniciales. Solo se puede ganar. No hay manera de salir del injusto centro hasta que no reconozcamos que no existe ese centro.

Traslademos este ejemplo general, como siempre, a lo específico. Dado que lo bueno es lo intermedio, todo lo que salga en épocas de crisis que sea radicalmente diferente a lo bueno será lo extremo. Podemos es extremo. Amanecer Dorado es extremo. Syriza es extremo. Frente Nacional es extremo. Pero PP es el centro (derecha), PSOE es el centro (izquierda), cualquier formación política que ahora no haya subido como la espuma es el centro. Y, como es el centro, es lo bueno. Lógicamente, como seguimos en un paradigma de dualismo, todo lo extremo será malo (y el centro será bueno). Y ahora entran en juego, como no, los medios de control de masas. Resultado: la propia población afirma que están aumentando los extremos, que hay que tener cuidado. ¿Qué extremos? Yo no veo ningún extremo, porque considero que la situación que vivimos ahora no constituye el centro de nada.

Como conclusión final, a la que siempre abogo en la mayoría de los escritos que redacto: es necesario un cambio de mentalidad, que pasa por una reflexión colectiva e individual. Necesitamos reinventarnos y destruir el simplismo que nos inculcan desde los medios de control de masas. Existe el caos constructivo y no el pseudo-órden de los resignados. Decir que en estas elecciones han subido los extremos es caer en la trampa. No ha subido ningún extremo, han subido otras opciones. De hecho, es más probable que el capitalismo europeo sea en si un tremendo extremo antes que un centro. En la vida no siempre hay centros, tenemos que aceptarlo. Es más fácil pensar que existen, claro, pero no lo más conveniente. Quizás los creyentes y los obstinados del platonismo político deberían confiar el destino de su pueblo a la carta de los Reyes Magos más que a la fuerza de las masas. ¡El capitalismo europeo no es el centro de nuestras vidas!

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[1] Pese a que publico esto a una semana del día de las elecciones, el artículo lo escribí el Lunes. El problema es que estoy bastante ocupado, y no he podido subirlo hasta ahora.

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