Disparando ideas

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jueves, 30 de enero de 2014

Dos ideas claves para entender la superestructura

I. Martín Torres

La hipótesis de los tres sectores, enunciada por C. Clark y J. Fourastié, es ampliamente utilizada como modelo de descripción de la estructura económica de la sociedad. La infraestructura[1], término poco usado hoy en día, muy útil sin embargo a términos de análisis, es a efectos prácticos una rendija muy útil para asomarse y vislumbrar, desde otra perspectiva, el funcionamiento de la sociedad. Entre las mejores innovaciones de Marx y Engels respecto al pensamiento tradicional es la idea de que es la infraestructura la base sobre la cual se cimienta la superestructura. La sociedad, por lo tanto, no se genera completamente a partir de la filosofía, el pensamiento individual o colectivo o la conciencia social, sino que parte de la producción, siendo las relaciones existentes de las personas con los medios de producción las que condicionan la superestructura. A. Ponce en su libro Educación y Lucha de Clases [2] desarrolla este tema de forma meticulosa, centrándolo en las relaciones entre infraestructura y educación.

Sin embargo, es muy importante no tomar al pie de la letra esta afirmación que, por otra parte, es falseada por numerosos antimarxistas (y marxistas) con objetivo de realizar una crítica fácil, la conocida falacia del hombre de paja. Es evidente que la infraestructura no es un determinante total de cualquier superestructura. F. Engels, en el Anti-Düring [3] expone que la estructura económica de la sociedad constituye en cada caso el fundamento real a partir del cual hay que explicar en última instancia toda superestructura. El hecho de que Marx y Engels insistieran tanto en este cambio de paradigma materialista no se debe a que defiendan la relación única y causal de la infraestructura respecto a la superestructura, sino al enfoque -por aquel entonces dominante y muy asentado- idealista del resto de teóricos al que pretendían contraponerse. Podemos citar un párrafo de Engels [4] que explica esto:

"El desarrollo político, jurídico, filosófico, religioso, literario, artístico, etc., descansa en el desarrollo económico. Pero todos ellos repercuten también los unos sobre los otros y sobre su base económica. No es que la situación económica sea la causa, lo único activo, y todo lo demás efectos puramente pasivos. Hay un juego de acciones y reacciones, sobre la base de la necesidad económica, que se impone siempre, en última instancia. El Estado, por ejemplo, actúa por medio de los aranceles protectores, el librecambio, el buen o mal régimen fiscal; y hasta la mortal agonía y la impotencia del filisteo alemán por efecto de la mísera situación económica de Alemania desde 1648 hasta 1830, y que se revelaron primero en el pietismo y luego en el sentimentalismo y en la sumisión servil a los príncipes y a la nobleza, no dejaron de surtir su efecto económico […] No es, pues, como de vez en cuando, por razones de comodidad, se quiere imaginar, que la situación económica ejerza un efecto automático; no, son los mismos hombres los que hacen la historia, aunque dentro de un medio dado que los condiciona, y a base de las relaciones efectivas con que se encuentran, entre las cuales las decisivas, en última instancia, y las que nos dan el único hilo de engarce que puede servirnos para entender los acontecimientos son las económicas, por mucho que en ellas puedan influir, a su vez, las demás, las políticas e ideológicas”

Por última, cabe destacar otra mala interpretación de la teoría marxista muy común al generalizar, que es la supuesta rigidez de la superestructura. Esta se entiende típicamente como una noción, no como un concepto, y sus límites están poco definidos y deben ser aclarados todavía. ¿Entra dentro de la superestructura la filosofía por entero? ¿Podría englobarse dentro de la misma el lenguaje? ¿Podrían, en la actualidad, conservarse íntegros los márgenes definitorios de la misma? La primera pregunta se la hacían los propios Marx y Engels. En cuanto a la segunda pregunta, la formuló en su día I. Stalin, que concluyó que el lenguaje debía quedar fuera de la cesta, un tanto deshilachada, de la superestructura. Dicha noción es pues cambiante (como evidencia la tercera pregunta) y frágil en cuanto a que no es un concepto totalmente maduro, por lo que debe desarrollarse aún más. No debe caerse pues en una mala interpretación del mismo, sino que es prioritario mantener el espíritu dialéctico –contradicción máxima donde las haya por cierto–

En resumen, no debe caerse tan fácilmente en el marxismo vulgar: las cazas de brujas que se hacían  y se hacen contra el marxismo, que pretenden simplificarlo, manipularlo y después hundirlo deben ser refutadas con rigor y conocimiento. A diferencia de lo que se empeñen en decir, como todo buen proceso dialéctico, el conocimiento –y más aún el marxismo– evoluciona, y no es una doctrina que pueda tumbarse simplemente con afirmaciones categóricas sobre falsificaciones del mismo



[1] Marx y Engels entienden infraestructura como aquella base, estructura económica de la sociedad. Así mismo, se define superestructura como las instituciones jurídico-políticicas, así como a las formas de conciencia o “pensamiento social”
[2] Se puede encontrar un pequeño resumen de la obra pinchando aquí
[3] Citado de la obra Los conceptos elementales del materialismo histórico, de M. Harnecker, página 59.
[4] Framento de la Carta a W. Borgius (también conocida como Carta a Starkenburg) de F. Engels (1894). Puede leerse la obra completa desde aquí

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