Bienvenidos al blog Disparando Ideas
I. Martín Torres
La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar. Esta cita, de Eduardo Galeano, increíble y contundente escritor y periodista uruguayo, resume con gran acierto la idea que pretendo exponer con esta introducción. Desde hace unas décadas, la situación del sistema capitalista y la situación de España en concreto ha tornado unos giros decisivos. En la última década, estas contradicciones, cada vez más recurrentes y más intolerables se han agudizado hasta un extremo tal que practicamente cualquiera de nosotros conoce sus consecuencias.
Estamos sometidos constantemente a un bombardeo continuo, a una maratón de ataques contra nuestra dignidad y contra los derechos que, como pueblo, nos pertenecen. Y nos hemos, o mejor dicho, nos han atontado. Parafraseando a J.C. Monedero, muchos desearían haber nacido en la Grecia clásica, vivir tiempos a-históricos, a-temporales, inconscientes, abstractos; vivir alienados, sí, pero felices después de todo. En definitiva es lo que nos prometió el capitalismo, una mala suerte de Grecia clásica ilusoria. Un -acabando la anterior referencia del profesor Monedero- pasado hermoseado.
Sin embargo, y para desgracia -o alegría- de nuestro raciocinio, la vida no es la gran metáfora que nos han querido tatuar. No existe un universo paralelo en el que uno pueda refugiarse. No existe Dios. Los reyes magos son los padres. El ratoncito Pérez es una trola. Tu mundo no funciona. No existe el lugar en el que pretendes esconderte.
La única solución posible que, como pueblo, podemos adoptar ante esta situación, es la de la lucha. Una lucha que, como cualquier proceso humano, requiere de un paso previo de auto-conciencia de uno mismo. El primer paso es siempre adoptar la determinación de qué podemos andar. De cualquier otra manera nos condenamos al fracaso y a la derrota. E, intrínsecamente, condenamos a nuestros compañeros, a nuestros semejantes, a la misma funesta suerte. La solución al problema no es sencilla, no es fácil y no es única; no es fija y no es eterna, pero pasa sí o sí por un primer paso que es la conciencia de clase o, dicho de otro modo, el darse cuenta de que somos personas, y de que tenemos, queramos o no, una ficha histórica que debemos de jugar.
Y es en esta primera parada en la estación del cambio donde nosotros, con este blog -entre otras cosas- queremos poner nuestro granito de arena. Somos dos chicos -quizás pronto más- que de forma improvisada, apenas planeada, pero sí de manera sentida y con voluntad de cambio, hemos creado este espacio. ¿Nuestro objetivo? Informar, dar nuestra opinión, exponer nuestra visión de las cosas. Pero no solo eso: molestaros, causaros un incómodo picor en la nuca que os lleve a pensar y a replantearos todo; crear, aunque sea a pequeña escala, un eslabón perdido en la cadena de la teletienda informativa. Queremos incordiar neuronas. Queremos despertar ilusiones. Queremos emancipar pensamientos. Queremos disparar ideas.
Arrojar una piedra es una acción punible. Arrojar mil piedras es una acción política. Incendiar un coche es una acción punible, incendiar cien coches es una acción política. Protestar es denunciar que eso o aquello no es justo. Resistir es garantizar que aquello con lo que no estoy conforme no se vuelva a producir (Ulrike Meinhof)
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