Disparando ideas

Disparando ideas

domingo, 12 de octubre de 2014

Creo necesario pedir disculpas por la inactividad del blog estos últimos meses. En mi caso, mi situación personal me ha impedido continuar con algunas actividades, entre las cuales se incluía esta.


¿LAVARSE LAS MANOS? CRÍTICA AL ARTÍCULO DE RAFAEL MÉNDEZ Y ELENA G. SEVILLANO

I. Martín Torres

El Hospital de La Paz, uno de los mayores centros públicos de Madrid, se ha negado a practicar un aborto a Daniela, una mujer de 32 años que había sufrido una rotura de la bolsa […] Pese a que cumplía los requisitos que marca la vigente ley del aborto, el centro se negó a interrumpir el embarazo. A Daniela, que se encontraba ingresada y con antibiótico intravenoso, le dieron el alta para que acudiera a una clínica privada después de que la Comunidad de Madrid constatara que cumplía los requisitos para someterse a un aborto”
“A las 13 semanas tuve un sangrado, pero me dijeron que era normal. El 27 de diciembre, cuando estaba de 16 semanas, me desperté con todo lleno de sangre”. Comenzaron entonces las pruebas, pero pese a los indicios los médicos de La Paz descartaron que tuviera rota la bolsa de líquido amniótico en la que crece el feto. El día de fin de año volvió al hospital y ahí la ingresaron y le pusieron antibiótico como prevención […] El día 7 de enero la mandaron a casa ya con un diagnóstico de oligoamnios severo, que implica que hay poco líquido amniótico. Ella está convencida de que entonces ya tenía la bolsa rota, pero poco importa si hubo un error de diagnóstico”
Ahí empieza lo que Daniela y Miguel califican como una tortura. “Nos decían que al niño no se le formarían los pulmones y que había riesgo de infección para Daniela. Pintaban un panorama terrible pero no daban una solución. Teníamos una semana para decidir porque se acercaba el plazo que marca la ley”, dice Miguel.
En estos casos, si el hospital no practica abortos, lo normal es derivarlo a una clínica privada. Pero Daniel cuenta que le dijeron que no sabían qué hacer, que si quería interrumpir el embarazo debía tomar el alta y gestionárselo ella. “Para mí no es algo voluntario, sino terapéutico. No había solución. Me duele que pongan que yo pedí interrumpir el embarazo”, señala Daniela.”
Era viernes y, ante las trabas, Miguel y Daniela deciden irse con el alta médica. Le retiran el antibiótico intravenoso y se lo recetan vía oral. Entonces acuden a una oficina de la Comunidad de Madrid —la única que hay en toda la región— para que, ahora sí, les deriven a la clínica privada Dator, especializada en abortos. “Es una hipocresía que te digan que el feto es inviable pero luego ellos se lavan las manos a la hora de resolver la situación”, reflexiona Miguel. La pareja ha querido contar su caso para que se conozca la realidad del aborto en Madrid y pedir que la sanidad pública lo garantice
Al empezar a redactar este artículo me viene a la cabeza un refrán: lo cortés no quita lo valiente. Por ello se entenderá perfectamente el hecho de que, pese a que estoy a favor de la I.V.E. en la gran mayoría de los casos, escriba este artículo de crítica.
El texto anterior pertenece al periódico El País, y fue publicado el 4 de Febrero de 2014. Puede encontrarse el original aquíEl artículo, publicado por Rafael Méndez y Elena G. Sevillano, tuvo bastante repercusión en internet, apareciendo en páginas como la que aparece aquí además de, evidentemente, estar en boca de muchos durante un tiempo.
Los que me conozcan ya lo sabrán, pero soy estudiante de Medicina, y he estado rotando un tiempo por el servicio de Ginecología y Obstetricia del HULP (Hospital Universitario La Paz) el mismo de donde salió la “noticia” de El País. Durante el tiempo que he estado en ese servicio, me he encontrado con profesionales (incluido el Jefe de Departamento, que fue además profesor mío) muy competentes y respetuosos con los pacientes.
El tema de los medios de desinformación en España, y de cómo manipulan de forma aberrante y a gran escala la información es largo, y no lo voy a tratar aquí. Pero en esta noticia en concreto si voy a mojarme y a explicar varios puntos sencillos en los que el periódico El País mintió a sus lectores, y dio una imagen equivocada del personal médico del HULP. Por cierto, y como anécdota, me gustaría decir que los autores de este artículo escriben mal el nombre de la mujer afectada dos veces.

  1. En el artículo se explica en repetidas ocasiones que el HULP mandó a la paciente a una clínica privada. Con todo esto, da la sensación de que la medicina pública manda a las pacientes a abortar a la medicina privada. Y esto es mentira. La clínica Dator, que es donde se mandó a la paciente a que se realizara la IVE, es una clínica concertada. Y, a diferencia de El País, os dejo aquí la fuente primaria donde podéis comprobar el carácter concertado de esta clínica. ¿Esto qué significa? Que la paciente no paga la realización de la I.V.E., tal como se afirma en el periódico, sino que lo paga la Seguridad Social.
  2. El personal del HULP se desentendió de la paciente o, como escriben los autores “se lavaron las manos”. Es mentira. Lo normal es derivar a las pacientes a este tipo de clínicas para que realicen allí su I.V.E. y, pese a que la paciente debe realizar una serie de gestiones por su cuenta (lo cual es perfectamente comprensible debido a que se trata de un cambio de centro, al igual que es comprensible que una paciente con un cáncer de mama deba gestionar ciertas cosas si se traslada de un hospital a otro, como por ejemplo pedir en el primer hospital las muestras de Anatomía Patológica) en ningún momento esto implica un abandono del paciente. Decir que “La mujer tenía rota la bolsa del líquido amniótico y corría un grave riesgo de infección, sin embargo los facultativos pusieron por delante su objeción de conciencia” como dice el periódico El Plural aquí es, de nuevo, un ejercicio de manipulación. Y, como se puede ver, no solo lo ha realizado El País.
  3.  En cualquier caso, y a modo de aclaración, en el HULP sí que se practican abortos, pero solo en los casos en los que el personal de la clínica concertada no sea capaz de realizarlos debido a su dificultad (como podría ser por ejemplo un embarazo gemelar con solo uno de los fetos fallecido) De modo que cuando El País afirma que en el Hospital no se practican abortos, nuevamente miente.
  4. El País deja caer en repetidas ocasiones que el personal sanitario no supo diagnosticar la rotura de bolsa, y que pasaron del tema hasta que ya fue irremediable. Si los autores del artículo tuvieran un mínimo de rigor periodístico, se informarían un poco antes de escribir. La rotura de bolsa o rotura de membranas se caracteriza por la expulsión de líquido amniótico por la vagina. Pensemos un momento, si la paciente presenta oligoamnios (poco líquido amniótico) por algún sitio habrá tenido que salir. La paciente afirma que, en la semana 13 y en la semana 16 acudió al Hospital con sangrado, y que los médicos descartaron la rotura de bolsa. Los autores del artículo dejan entrever que los médicos diagnosticaron mal a la paciente. Expulsar sangre por la vagina no es lo mismo que expulsar líquido amniótico. Normalmente, en Urgencias se visualiza la pérdida de líquido amniótico con la exploración mediante espéculo y el tacto vaginal. Y, aun así, se realiza una ecografía y se observa si hay o no un LA (líquido amniótico) normal o si, por otra parte, está disminuido. Si, con todo esto, no se observa signos de rotura de membranas, se achaca el sangrado a otra causa. Que los autores del artículo digan: “ella está convencida de que entonces ya tenía la bolsa rota” es un ejercicio un poco rastrero, ya que es evidente que la paciente, debido al trauma que representa un aborto, achaque este a cualquier motivo que a ella le parezca extraño. Pero si los autores fueran serios, habrían recurrido a un análisis un poco más profesional, y no a una simple opinión, para descalificar la labor de varios médicos.
Este suceso sería una buena oportunidad para reflexionar y discutir acerca de si es correcto o no derivar a las pacientes que deseen someterse a una I.V.E. a un centro concertado. Sería un tema interesante para tratar. La tarea de El País no es, sin embargo, reflexiva, sino que se limita a ensañarse con el personal sanitario del hospital, manipulando la información para hacerla así más trágica y sentimental. Decir también que, a pesar de que al público general pueda parecerse extraño, entre un 15 y un 20% de los embarazos terminan en aborto no voluntario, y que los casos de rotura de bolsa son bastante comunes dentro de cualquier servicio de Urgencias de Ginecología. Por esta razón, los autores de El País se aprovechan de esa falta de conocimiento de la población para hacer un artículo tergiversado donde parece que la paciente tiene una patología rara y peligrosísima, y que el personal sanitario la dejó tirada adrede, cuando en realidad la paciente presentaba una patología bastante común, y el personal siguió un protocolo habitual. Una labor manipuladora de los principales medios de comunicación nacionales que es, por desgracia, una realidad cotidiana.


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